jueves, 23 de agosto de 2007

Artista invitado: Estuardo Chacón

Estamos de paso.

El dolor fue tenaz mientras reino con su imperio de
tormento sosegado, menguándome cada día desde que
abría los ojos hasta que los prensaba contra la
almohada para no ver más. -No sé cómo dejarla ir-, con
muchísimo esfuerzo intente buscar la razón o el método
que me liberase de su hechizo, pero no lo encontré. No
fue sino hasta que una tarde, entre las visiones
causadas por releer 100 años de soledad, al ver todas
esas vidas amedrentadas por la casualidad irrevocable
de un destino que estaba marcado por la soledad,
sucedió algo. Me di un respiro para andar por la playa
de Algeciras al atardecer, que se tiñe rojo y se va
detrás de la gran roca en medio del agua, Gibraltar.
Me senté con una cerveza en la mano izquierda y un
tabaco en la derecha y fue en ese momento que me llego
una revelación en forma de brisa fresca que me
encendió la piel y desato el yunque de la razón hasta
levitarme sobre una calma de último halito de vida. A
mi alrededor vi los grandes progresos del hombre con
sus industrias y proyectos demenciales o monumentales,
los innumerables esfuerzos empleados para el diseño de
una vida cómoda, sus irreverencias, sus guerras, sus
llantos prolongados por la pérdida del ser querido y
con todas estas imágenes me planté frente al mayor de
los misterios: vi mi propia muerte, que en la
galopante estampida imaginaria me detuvo súbitamente
como lo hace cuando nos llega, y entonces me inundo
esa inocua sensación del… "Y para esto, tanta mierda!"
Entonces comprendí que no puedo aferrarme a nada, ni
al significado de la vida, ni a las preguntas, ni al
amor, ni a la tristeza, ni a los barcos, ni las casas,
ni las motocicletas, y nada que al final del camino
tenga que dejar ir súbitamente por el indeleble hecho
de la muerte, ni siquiera nos otorgaron la certeza de
que al impacto mortal sobrevivirán nuestras memorias.
La mortalidad se me hizo tan reveladora, con su amable
ternura de matrona, sabia comadreja en los placeres de
la vida, que me libero del embrujo. - Un día de estos
me voy a morir -, y me parece que mientras todos mis
esfuerzos para aprender a vivir en este mundo, no
lleven en la conciencia el hecho impreso de una
existencia efímera, no voy a ser feliz. Tengo que
aprender a recibirlo todo y a dejarlo ir. Entonces, el
misterio del porque estamos aquí, se redujo al
simplísimo hecho del accidente biológico: porque te
parió tu madre! El misterio después de la muerte quedo
resuelto como una charcutería de especulaciones, al no
tener respuesta para la primera pregunta. Me basta mi
propio jardín de dudas y respuestas, para regarlo y
pasearme y jugar en él, mientras aprendo el arte de
ver pasar el tiempo, porque no hay prisa, ya sé que un
día de estos me voy a morir. Y no hay mejor
entendimiento de la vida, que el de saber que la
existencia no se puede basar en la elaboración de
imágenes felices que intentamos recrear y darles vida,
sino en un camino, un andar. El ir y venir hasta que
nos llegue la hora. Se nos va la juventud en
preocuparnos por la forma física, desperdiciamos
nuestra época adulta en busca del éxito profesional y
la adaptación social y cuando llegamos a viejos, no es
de extrañarse presentir el haber desaprovechado la
verdadera utilidad de la vida. Si al menos todos
hiciéramos el esfuerzo de jodernos menos, de colaborar
con no estorbar. De hacer el intento de explotar la
capacidad infinita de nuestro pensamiento y nuestro
amor, porque lo mejor que podemos hacer en la corta
estadía por este planeta, es aprender ha vivir con los
demás, a tener amigos y vivir en una comunidad donde
cada uno pueda tener su propio entendimiento y
experimente su labor social con responsabilidad y
eficacia. El resto, es pura fantasía.
En otras palabras, creo que entendí que el secreto de
la plenitud, parte de la experiencia de nuestra propia
mortalidad..



¿Quién es quien?
Estuardo llegó a mi vida a través de Couchsurfing una web de hospitalidad que entre otras cosas, te trae gente estupenda, como Estuardo que me va enviando textos, y este me ha dejado publicarlo.
Gracias Estuardo

2 comentarios:

  1. Érase una vez un hirsuto y barrigudo mozalbete que tenia un miedo atroz a las mujeres y lo disimulaba empleando una velada misoginia.

    Nació acomplejado, marcado por la talla microscópica de su pene y unas sanas pero rurales facciones de fraile, que quiso volver de guerrillero al hacerse mayor; dejándose crecer una barba andrajosa y descuidada que no lograba ocultar su verdadera identidad mediocre.

    Quiso recorrer el mundo, tratando aparentar inquietudes humanistas y la posesión de un espíritu libre; pero en realidad sólo huía de un país donde todos conocían su falta de espíritu y otras actitudes más viriles.

    Allá donde iba, trataba de seducir haciendo gala de ser un semental y evocando su sangre latina, pero bastaba un breve vistazo a su entrepierna para reafirmar que no valia mucho más que un castrado. Se consolaba pensando que el placer de la mujer no depende del tamaño del miembro viril, tal vez aquellas a las que pagaba para que colmaran sus deseos y sin las cuales su vida sexual se reduciría a una sucesion frustrada de masturbaciones se lo habían asegurado, pero todos sabemos que a veces es más fácil comprar una mentira que un cuerpo.

    Eunuco Impertinente… pobre de ti que te revelé la verdad; ¿dónde quedó ahora tu ego?

    Te atreves a llamarme puta, cuando ni siquiera podrías comprar mi lástima… Faltó el hombre que te partiera la cara, aún falta (where is the gentleman gone?) pero pronto alguien lo hará, porque no sólo eres un desperdicio sexual, también eres un gorrón maleducado, sucio, desordenado, falso, aprovechado y cobarde… Sigue vendiendo el perfil que crees interesante; sigue pleiteando por el diablo e insultando a las novias de tus anfitriones, a las que tú nunca podrías follarte. Si aquella noche no hubo un hombre en el coche, mañana lo habrá, y yo, que soy pitonisa, sabré lo que ha pasado y sonrieré por dentro.

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  2. Gracias por permitir la libertad de expresión en tu blog

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